Reseña de la vida de Luis Calderón

Luis Alberto Calderón Ruiz nació en Mitón, Estado Trujillo, el 1 de Octubre de 1929. Su padre fue Rafael Enrique Calderón y su madre Mercedes Ruiz Valera Morales. Aún desde antes de nacer, Luis Alberto se enfrenta a las dificultades. Mercedes, su mamá, sufrió un percance mientras tenía a Luis en su vientre materno, el cual traería como consecuencia que el bebé naciera con problemas de audición. Sin embargo, esa circunstancia no iba a ser obstáculo para que este niño, Luis Alberto, llegase a ser ese gran hombre a quien hoy le celebramos su llegada a los 80 años de edad. Toda una vida llena de momentos maravillosos, junto a su numerosa familia y aún más numerosos amigos, un hombre lleno de simpatía y que fácilmente se gana a la gente con su sonrisa y buen humor.
A muy temprana edad, Luis Alberto fue enviado a Caracas a estudiar en uno de los pocos colegios especiales para sordos que había para esa época, principios de los 40. Eran tiempos duros, el mundo estaba en guerra y Venezuela aún no descubría las bonanzas del oro negro… Luis siempre cuenta de ese largo viaje de varios días, algunas veces a pie, otras en carro o tranvía, y otras más a caballo o burro. Su tío Gilberto Calderón, hermano de Rafael, fue quien le recibió y cuidó de él durante esos primeros años de preparación, donde aprendió a leer, escribir, y todo lo necesario para llevar adelante su vida.
Es así como Luis Alberto llega a su adolescencia, aprendiendo y desarrollando esa capacidad de relacionarse con la gente, esa pericia para trabajar con sus manos y sobre todo, esa gran creatividad que aún hoy nos demuestra continuamente. Luis aprendió a usar el torno de la mano un amigo, y pronto comenzó a trabajar para una fábrica llamada “Anahuac”, que quedaba en Catia, cerca de donde estaba radicado.
Mientras tanto, el joven Luis Alberto hacía de las suyas, como todo veinteañero: Bajaba los fines de semana a la playa, se montaba en moto con sus amigos, y hacía mucho ejercicio para esculpir su cuerpo. Eran los días gloriosos de Charles Atlas, el fisicoculturismo era una atracción para todos los muchachos de esa época. Quizás no había gimnasios tal como los conocemos hoy, pero igual Luis se iba al Hatillo a entrenar y hacer sus competencias, a tal punto que aún hoy mantiene una musculatura y salud envidiables.
También estos fueron tiempos de viajes y aventuras. Luis viajó a Colombia y conoció Cúcuta y también visitó a su hermano Pedro en su trabajo en la emisora de “La Voz del Táchira”. Por estos años, principios de los 50 Luis, con su natural simpatía y facilidad para socializar, ya contaba con un amplio grupo de amigos sordos en Caracas, quienes decidieron fundar la Asociación de Sordos de Caracas, institución que se mantiene activa aún hoy, luego de casi 60 años.
Al pasar de los años todo joven llega a una etapa en que desea establecerse y formar familia. Es así como Luis Alberto conoce a una joven que le dejaría marcado para siempre y quien llegaría a ser su compañera el resto de su vida. Eva, como le llamaban todos, era una mujer de carácter firme pero a la vez alegre, y también se enamora de él. Aún cuando ella no era sorda, logran entenderse sin problemas, en especial gracias a las hermosas cartas de amor que Luis le escribía. En aquellos días los noviazgos solían ser muy serios, así que Luis pidió formalmente la mano de Eva a Abraham, su Papá. Ellos lo aceptan, y contraen matrimonio el 27 de diciembre de 1958.
Justo un año después, nace Luis Abraham, el primogénito. Luis Alberto se estrena como papá, es un rol donde nuevamente demuestra su calidez y simpatía. Pero Luis Alberto no es sólo sonrisas, también es firmeza y ejemplo de trabajo para sus hijos, quienes hemos sido educados en parte gracias a su demostración de tenacidad y su deseo de hacer las cosas de la mejor manera posible. Luis Abraham, y luego Milagros Grisell, quien nace 5 años después, crecen con ese ejemplo día a día. Eran tiempos de compartir en familia, había muchos primitos contemporáneos tanto del lado de Luis como de Eva, así que Luisito y Milagros viven con gran alegría ese ambiente familiar que les rodea. Nunca faltaba la cámara “Súper 8” de Luis Alberto para captar todos esos momentos, que aún hoy conservamos como preciados tesoros familiares.
Ya para esa época, finales de los años 60, Luis Alberto trabajaba en la fábrica de lámparas “Iris”, donde fue jefe de taller por muchos años, enseñando a otros jóvenes a dominar el arte de moldear los metales con el torno. Luis era (y es) todo un maestro dándole forma al bronce y al cobre. En la fábrica se dedicaba principalmente a las lámparas, pero cada vez que podía, también torneaba figuras, adornos y diversos objetos que llevan su inconfundible sello de consumado artesano.
Y de la misma forma que de sus manos y del torno Luis creaba hermosas figuras y útiles piezas, también de sus manos y de las de su esposa se iba formando una familia hermosa, con deseos de salir adelante y de ser útiles. Es así como llega su tercer hijo, Larry Jesús, cuando ya sus hermanos mayores están en la adolescencia. Luis y Eva viven de nuevo la experiencia de ser padres, quizás con nuevas perspectivas y esta vez con la cercana participación de sus otros dos hijos. Sin embargo, Luis Alberto seguía siendo ese mismo padre amoroso y dedicado; así que el último de sus hijos, este servidor, también crece con esos profundos valores de amor, entrega y rectitud.
Los años pasan y Luis Alberto, siempre jovial y alegre, sigue llevando adelante a su familia. Muchos obstáculos se suceden por estos años finales de los 70 y 80. Luis comienza a sufrir ataques de epilepsia, pero luego de completar su tratamiento se recupera totalmente. También sufre un doloroso accidente laboral donde el torno mutila la punta de tres de sus dedos. Pero nada de eso lo detiene, Luis se levanta con ánimo de cada obstáculo y sus hijos aprenden en silencio el valor que su padre les transmite. Es así como Luis Abraham decide embarcarse en la carrera de Medicina, la cual logra gracias al esfuerzo y tenacidad que aprendió de su padre. Milagros también concluye sus estudios universitarios y se convierte en una exitosa profesional, una ejecutiva que heredó la simpatía y capacidad para socializar de su papá.
Las dificultades están presentes, pero también el valor para superarlas. Luis deja de trabajar en “Lámparas Iris” para embarcarse en una nueva fábrica “Sisan Luz”, de donde es uno de sus fundadores. La familia adquiere apartamento propio, se casa Luis Abraham y luego de unos años lo hace Milagros. Fallecen sus venerados padres y algunos de sus hermanos. Eva se enferma y se recupera, mientras Larry continúa sus estudios básicos y secundarios. En medio de todo lo que acontece, la familia siempre se mantiene unida, y gran parte de ese factor de unidad lo constituye, sin duda, Luis Alberto.
De esa forma se inicia la década de los 90, Luis Alberto viendo cómo sus hijos se independizan, Le hacen abuelo y acercándose a la edad de retiro, aunque esa posibilidad tardaría muchos años más en cristalizarse. Un golpe inesperado azota a la familia cuando Milagros, con sólo 28 años, fallece luego de dar a luz a Milagritos, su tercera nieta. Fue muy duro tanto para él como para toda la familia, también la salud de Eva comienza a debilitarse, pero no así la voluntad de Luis Alberto de seguir adelante.
>Ya tiene tres nietos: Luis Abraham II, Jesús Alberto y Milagritos, quien además nace con la misma discapacidad de su abuelo. A los pocos años llega Astrid Sarahí su cuarta nieta, mientras Larry estudia en la universidad e inicia una compañía. Su grupo familiar es heterogéneo: Su esposa Eva, un hijo adulto, otro 15 años menor; y como nietos, dos niños y dos bebés pequeñas… Pero Luis Alberto es padre y abuelo ejemplar, y para cada miembro de su familia, sigue siendo un modelo a pesar de las diferencias entre ellos.
Llega así Luis Alberto a sus 70 años, y a la par del nuevo milenio, aprende a usar computadoras, teléfonos celulares y cámaras digitales, aunque aún prefiere usar las tradicionales de película. Ve crecer a sus nietos y a sus dos hijos consolidarse como hombres de bien; pero lamentablemente, ve también fallecer a su amada esposa Eva, luego de un duro tiempo de pruebas donde la familia que él mismo forjó, demostró que la fortaleza y la unidad son el producto natural del amor de los padres hacia sus hijos y nietos.
Y es así como Luis Alberto finalmente decide retirarse del trabajo, viendo ya a sus hijos formados y establecidos. Pero en realidad, sigue trabajando incansablemente para los suyos. Luis siempre está pendiente de cualquier detalle que haga falta en la casa, repara cualquier desperfecto, acude a ayudar en todo aquello que sus muchachos necesiten, y sobre todo, continúa contagiándonos de su cariño y simpatía. Ni siquiera una amenaza de cáncer ha podido vencer su deseo de seguir adelante.
Hoy, que celebramos todos sus 80 años, nuevas perspectivas y desafíos se avizoran: Un nuevo nietecito le ha nacido, su hijo menor en proceso de emigración y sus nietos mayores en proceso de independencia. Pero en todo ello, Luis Alberto sigue allí como un baluarte firme para quienes le rodean, el artesano del bronce continúa forjando con sus manos de amor las vidas de sus hijos y nietos, dejando un legado que trascenderá generaciones y fronteras por siempre.
Dios te siga bendiciendo y llenando de vida, mi amado padre, Luis Alberto.
LCP’09

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Amable Briceño.

Rafael Rosales Villegas.

Ademar Rosales.
Dr. José Marceliano Velásquez” (1923 – 1996)
Personaje que siempre se ha caracterizado por su sencillez, amabilidad y buen humor. Así es Sotero Andrade, su residencia: en la callecita muy cerca de la capilla de la virgen del Carmen. Nació en Mitón un 10 de febrero de 1918, hace muy poco tiempo celebramos su cumpleaños número 91. Sus padres fueron Buenaventura Andrade e Ignaciana Aponte, sus hermanos Esteban (+), María (103 años), Cecilia (87 años), Juan (+), Tomas (+), Balvina (+), Su pareja la señora María Ramona Briceño oriunda de Torococo, de esta relación nacieron José Gregorio Andrade Briceño y Flor María Andrade Briceño, el primero vive en los Teques con su esposa e hijas y la segunda vive en Mitón junto a sus padres y esposo. También cabe destacar que el Señor Sotero tiene tres hijos más, quienes son: Adrián quien vive en las Llanadas de Monay, Amalia en La gran Parada Andina Estado Trujillo y Edgar en Maracaibo Estado Zulia.



Como una meta realizada fue la visita efectuada a nuestro entrañable paisano Carmen Dilio Valera (Checame el ovejo). No fue muy fácil su ubicación pero la constancia fue la condición que nos hizo llegar a sus residencia, desde hacia tiempo le veníamos haciendo seguimiento. Mi primer contacto fue en Mitón, a través de mi amigo Felipe Cañizalez, donde pudimos conocer su ubicación: en la Ceiba por el tres de febrero en Trujillo. El día martes 23 de diciembre, salimos a su ubicación. Me acompañaron mis hermanos José Felipe y Polo; serian como a las 9:00 AM cuando llegamos al pueblo del tres de febrero, solo sabíamos que se encontraba en la casa de su hermano German Valera,-- a ese lo conozco yo afirmo José Felipe. Efectivamente llegamos a la casa de German Valera, pero este no era. Al German que ubicamos era precisamente el hermano de ¡Checame!, pero de Checame Linares residente del pueblo de Mitón, padre de unas hermosuras de hijas que viven en la joya. No estábamos tan equivocados, pues con la suerte que el amigo German conocía a su “tocayo”, su vivienda estaba a pocos kilómetros de allí.
