José Trinidad Semprun.
Crónicas de Mitón por: Pedro Regulo Calderón
Aporte realizado a este blog por sus familiares.

Lo recuerda Ud..?. Fue una persona muy valiosa, progresista y servicial, que un buen día se vino a vivir a nuestro pueblo, para quedarse un largo tiempo, haciéndose acreedor al aprecio por sus dotes de ciudadano honesto, caballeroso y presto a servir a la comunidad mitonense. Su lugar de nacimiento no fue la chapa, fue en la chapita, cerca de pampanito.
Un trujillano de pura sepa. Un hombre hecho y derecho, nacido por la brega. Su laboriosidad fue tanto en el campo como en la ciudad. Entre esas ocupaciones de trabajo ordinario, se le cuentan primero, arriero de mulas, bregador de animales y después comerciante. Un gigante de muy buenas cualidades por lo humilde y sencillo, retraído, altivo y violento a veces. Violento en el tono de hablar, porque le gustaban las cosas claras serias y responsables. Sin demora y sin tapujos, rápidas y sobre todo sin “mamadera de gallo”, por que lo de el, era seriedad y trabajo y sobre todo cumplidor de su palabra. Su fiel esposa, doña Isolina Mejias de Semprun, de cuya unión nacieron: Miguel Ángel, José Trino, Eufrosina del Carmen, Fermín y Rafael María, el aviador.
A la muerte del General Gómez el año 1935, la familia se traslado a estas frescas tierras del distrito carache. Establecidos en chejende empezó a explorar desde el año 38 en adelante los servicios de transporte de carga y pasajeros. Fundo Semprun el servicio de la línea Valera-Cuicas y mas tarde, cuando ya estaban terminados los ramales carreteros de chejende y de mitón, fundo la línea mitón-valera, que denomino “Cielito Lindo”, para servir también a los puntos intermedios. En ese entonces se utilizaba la vía del Río pasando por el sitio la Ranchería en el municipio candelaria.
Entre los conductores de sus unidades, se cuentan Felipe Benítez y Félix Carrillo, dos amigos que actualmente residen en mitón y en donde han fundado sendos hogares. Tanto Benítez como carrillo tienen mucha historia por contar sobre esos buenos tiempos cercanos a Semprun; una feliz época muy educativa cuando en señal de respeto, nos quitábamos el sombrero ante un chofer, que era todo un señor o ante una dama de cierto respecto. José Trinidad Semprun dejo mucha semilla sembrada por estos lares. Supo doblegarse ante el amor de Marcelina Villegas, que unida a el vinieron otros cuantos hijos: Tomas, juanitas Esperanza, rosario y cristiano.
Sin temor a equivocarme, ceo que uno de los primeros hijos del viejo Semprun Miguel Angel; tiene y lleva los mismos rasgos de su parte, empezando por la franqueza en sus actos y la sincera amistad con los amigos. Miguel Angel reside en esta ciudad de valera en donde formo un estimable hogar en compañía de su esposa, la gentil mitonense Belén Román.
Hay anécdotas curiosas, muchas anécdotas de la vida Semprun. En el aspecto servicial, hubo mucha gente que se beneficio con sus diligencias comerciales. Si alguien le encargaba una simple aguja o una bolsita para una lámpara de gasolina, con todo el gusto se las traía. Jamás se enojaba por los sencillos encargos que le hacían. Más bien se ponía a la orden. Era especial como trabajador a tiempo completo. Como comerciante respectaba mucho al cliente. Se escaba al hombro con gran facilidad un saco lleno de maíz y hasta dos pacas de cemento al mismo tiempo como si fuese de algodón. Tenia una fuerza extraordinaria y ser peón y a la vez ejecutivo, para el, era lo mismo.
Un día tuvo necesidad de ir al extranjero a comprar unos cauchos y como debía utilizar la vía aérea, ocurrió lo siguiente: en el aeropuerto de Maracaibo no lo conocían y como se retardo un poco, fue llamado a ultima hora por los altoparlantes y cuando se presento a la escalerilla de abordar, los funcionarios del vuelo trataron de vacilarlo, manifestando que así como estaba vestido no podía viajar, porque no tenia zapatos y corbata y además tenia el sombrero sucio. Semprun no presentaba pinta de viajero decente, sin embargo se defendió ante los funcionarios diciéndoles: “Señores ¡…. Aquí van mis zapatos y mi corbata” al tiempo que sacudía una enorme mochila con plata; el dinero suficiente para sus gastos y la compra de los cauchos.
En mitón, aun existe parte de una gran vivienda en uno de los sitios más bonitos del poblado, que fue construida por el esfuerzo de este hombre trabajador. Allí funciono el grupo escolar y hoy en día da lastima verla como esta. Destechada y en total abandono pero aun sus paredes están de pie por las buenas y confortables bases que las sostienen. Vale la pena remodelarla, porque esta en el sitio más privilegiado: el filo, que es un mirador. Y para cerrar con broche de oro esta crónica, solo me resta decir “Los buenos hombres de trabajo y superación, no están aquí, ni regresan; ahora están enterrados”.

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Este mes de noviembre lanzara su segundo trabajo discográfico titulado “cosas de la vida” nuestra amiga Mirtha Marcano, hija de la estimada mitonera Olga Parra de Marcano. La presentación esta pautada para el día 29 en el establecimiento del Sogero Bar en la ciudad de San Cristóbal, a nuestros estimados paisanos y amigos que tiene la gentileza de visitarnos a nuestro blog de Mitón, los invitamos apoyar a este talento de la música Venezolana, aquí dejo un link donde usted podrá conocer más de esta artista, y escuchar unos de sus temas de su primer trabajo “oye tu”.
Hablar de Juan Muñoz es revivir remembranzas de la música en mi querido pueblo, fue él quien a través del son de la bandolina, instrumento que tocaba con singular talento, lleno de alegría y distracción a los pobladores cuando le tocaba amenizar fiestas en Mitón y pueblos vecinos como Torococo y Chejende. Procede de una familia de músicos, su afición la heredo principalmente de su padre, destacándose también en este género sus talentosos hermanos Edmundo, Pedro y Víctor Muñoz.






Mitón siempre se ha caracterizado por ser un pueblo que recibe a sus visitantes con mucho respeto y cariño, aquí muchos personas que vienen de otros estados, consiguen la tranquilidad y el clima adecuado para controlar el cansancio y estrés que produce el continuo trajín de las agitadas ciudades. Tal es el caso de mucho Marabino o maracucho que ha conseguido en el pueblo de Mitón la paz y la calma para su familia, construyendo viviendas para pasar temporadas largas y fines de semanas. Unos de estos marabinos fue el Sr. Gregorio Viloria, tuve la suerte de conocerlo cuando trabajábamos en un diario de Maracaibo por allá en 1982, yo salí del periódico para continuar mis estudios universitarios, él quedo allí y perdimos el contacto.



